Las muertes abundan, los psicólogos se llenan ¿Lograrás mantenerte lo suficientemente cuerdo?
 
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Si eres nuevo y estás un poco perdido, no te preocupes, sólo sigue estos sencillos pasos. Antes de nada, deberías leerte las normas del foro y del rol, pero recuerda que podrán sufrir numerosos cambios. Para no sentirte fuera de lugar, lo siguiente que debes hacer es leer la historia del foro y la ambientación. A continuación debes rellenar los registros y, en caso de que seas adolescente, leer la información sobre las tribus urbanas en este tema. Por último debes rellenar obligatoriamente la ficha de tu personaje o, en caso de que no te apetezca pensar su historia, seleccionar un personaje pre-establecido. Cuando tengas rango y color, podrás empezar a rolear, aunque es recomendable abrir también una ficha de relaciones.
Nos encontramos en enero del año 2010. Las temperaturas son bajas, y varían entre los -4ºC y los 5ºC, haciendo éste el mes más frío. Las precipitaciones suelen ser en forma de nieve, pero de vez en cuando caen en forma de granizo. El lago se encuentra congelado, siendo una pista de patinaje perfecta, aunque es mejor ir con cuidado.
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 Oh, paz [Holiday]

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Rose H. Gallagher
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MensajeTema: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 4:10 am

1 de enero de 2010, 12:33, 18ºC, nieve.
Echo se dirigió a la sala de ocio con un libro bajo el brazo. Era una suerte que no le obligaran a dejar el libro allí, al alcance de cualquiera, aunque también era bastante razonable, ya que le pertenecía a ella y, por mucho que los médicos fomentaran la generosidad, no podían obligarla a compartirlo... aunque sí que la obligaban a hacer cosas peores. A pesar de que ya llevaba bastante tiempo allí, la chica todavía discrepaba con todo psicólogo existente, ya que ella creía firmemente que estaba totalmente sana.
Abrió la puerta y se mantuvo en el umbral un buen rato, mirándolo todo sin expresividad alguna en su rostro. No le producía ningún tipo de satisfacción que le hubieran "premiado" con poder pasar su tiempo libre en esta sala por haber estado una semana sin intentar escaparse, pero era mejor estar aquí que con el resto de chalados. Dio unos cuantos pasos hacia adelante y se situó en el centro de la sala, observando todo otra vez para seleccionar un buen sitio.
Finalmente la chica optó por un sillón que se encontraba junto a una ventana desde la que se podía ver la nieve cayendo en el jardín, y que, además, contaba con un radiador situado justo debajo. Una vez estuvo acomodada, abrió su libro por la página en la que se había quedado y se sumergió en la lectura, evadiéndose de la realidad y esperando que no viniera nadie a estropear su momento.
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Holiday E. White
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 4:44 am

Absorta, así estaba mientras miraba por la ventana de su habitación la cual estaría totalmente silenciosa si no fuese por ese terrible chirrido producido al roze de una ramita, del árbol que estaba frente a su ventana, contra el vidrio de la misma. Su mente divagaba en recuerdos lo scuales le parecían muy cercanos, como si tudo hubiese trasncurrido en un lapsus muy corto de tiempo. Recordaba el tono de voz, las sensaciones, los sentimientos, los... terribles y sofocantes sentimientos. Estaba sumamente quieta, ni siquiera se dignaba a parpadear. Un latido de su propio corazón logró despertarla de su ensoñación. Cerró los ojos un momento y volvió a respirar. Miró hacia la puerta y una sonrisilla traviesa se dibujó en sus labios mientras su rostro adoptaba una expresión de niña mala que haría una travesura.

Se encaminó por su habitación, con su bata blanca rozando el suelo y sus pies casi sin tocar el piso. La gracia de la rubia era una cosa de no creer, aún en el estado más inconciente era capaz de caminar de tal manera que parecía deslizarce por el suelo, flotar. Su elegancia sin dudas, era innata. Abrió la puerta los centímetros suficientes como para que su delgado cuerpo cupiese por la endidura y desapareció de ahí. A paso ligero se dirigió a uno de los lugares donde supuetsamente la llevaban cuando su comportamiento era destacable. Entró a la otra habitación y su mirada se relajó, porque al fín podía ver más colores o al menos variantes del otro color que no fuese blanco en cualquiera de sus pocibilidades. Comenzaba a odiarlo, por el solo hecho de tenerlo por todas partes en aquél lugar donde la habían metido hacían tres largos años. A penas divisar una ventana se dirigió a ella sin vacilar, había un sofá ahí y para sorpresa de Holiday, una chica leyendo. Modales, recuerda los modales.

- Buenos Días -su sonrisa era inescrutable, nadie sabía realmente que se había escapado, que no había esperado a su enfermero el cual se había ausentado para buscar el almuerzo de la rubia. Se sentó en el marco de la ventana y cruzó sus brazos mientras ladeaba la cabeza y se dedicaba a estudiar con la mirada a la desconocida.

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Rose H. Gallagher
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 5:20 am

A pesar de no haber invertido demasiado tiempo en la lectura de aquel libro, la joven ya estaba alcanzando la última página, y es que cuando se enfrascaba en una lectura devoraba el libro con una rapidez abrumadora, cosa que le resultaba tremendamente fácil al dejarse llevar por esas las palabras que previamente habían pasado por numerosas manos, tanto del escritor como de los editores del libro. En el fondo le encantaba tener esa facilidad para leer y terminar los libros en un período de tiempo tan corto, porque significaba que podría empezar con otro en poco tiempo.
Su cara continuaba sin mostrar expresividad alguna, aunque en el fondo se sentía un poco frustrada al no disponer de más libros en ese sitio, y es que a pesar de que el manicomio contaba con lecturas para los internos, a ella le gustaban otro tipo de libros que se ajustaban más a sus gustos. Sabía que en cuanto terminara este tendría que escaparse de nuevo para comprar uno en la librería o, en caso de no disponer de sus ahorros secretos, robarlo, cosa que no le producía remordimiento alguno, y es que la chica, al parecer, no conocía la palabra "conciencia", o al menos no mostraba tenerla. Mientra maquinaba mentalmente un nuevo plan de escapatoria y leía a la vez, sin dejar de prestarle atención al libro, pero sin descuidar los pensamientos que estaban empezando a formarse en su cabeza, una chica entró en la sala.
Echo estaba a dos páginas de terminar el libro y no advirtió la presencia de su compañera hasta que escuchó un leve susurro que procedía del lugar donde se encontraba ésta. Levantó ligeramente la cabeza, todavía sin mostrar expresividad, aunque un poco molesta porque hubieran interrumpido su lectura y, al mismo tiempo, sus pensamientos. La observó detenidamente y se sorprendió al ver cómo sonreía, formando en su mente imágenes ficticias de la rubia ahogando a su enfermero con la funda de la almohada y escondiéndolo bajo la cama, o administrándose una dosis elevada de medicamentos, los cuales le habría robado previamente a un interno.

- Hola - Dijo sin más, mientras cerraba el libro sin molestarse en situar el marcapáginas donde le correspondía, ya que no se iba a olvidar ni de broma de que sólo le faltaba la última página. A pesar de que no tenía intención de iniciar una conversación, ya no podría concentrarse de nuevo sabiendo que había alguien clavando su mirada en ella.
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Holiday E. White
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 5:56 am

Gracias a la percepción de la rubia, pudo notar el pequeño grado de enfado al escuchar el golpe sordo del libro que poseía la chica al cerrarce. Qué humores tenían por ahí, ni que le hubiese hecho una cosa tan grande, bien podría haberla ignorado con toda facilidad y seguir leyendo a tratarla de esa forma. Odiaba cuando la gente era descontez u hostil, cosa que ella no era nunca. Se quedó en silencio unos momentos mientras pensaba en qué cosa decirle a la muchacha y que no estaba segura de quién era ni de cuánto tiempo llevaba ahí. Ella pensaba que conocía a muchos pacientes, y esperaba que estuviese en lo correcto, sino, James se iba a enterar y no duden que lo haría. Holy tenía ese pequeño lado caprichozo compusivo. Si las cosas no se hacían o salían como ella quería, ni Dios salvaba al que recibiría la venganza de la rubia.Le era divertida la forma enq ue se internaba en sus propios pensamientos y casi perdía la noción de todo a su alrededor. Su enfermero siempre le había dicho que era una soñadora, descarada y excéntrica, y a ella no le importaba, lo aceptaba porque sabía que siempre sus comentarios iban acompañados por una carcajada para alivianarlos. Ella solo se limitaba a sonreirle y a quererlo. era la única persona que sabía tratar con ella y que realmente apreciaba en ese asqueroso lugar donde la habían metido.

- Holiday White, hace tres años estoy aquí -no dudó en presentace, la castaña siempre tenía posibilidad de ignorarla y volver a sus asuntos o bien iniciar uan conversación banal. Pensó un poco, en realidad estaba hablando con ella movida por al curiosidad, pero estaba peligrando el hecho de que ella se quedara sin saber, así que decidió que no revelaría más información de ningún tipo a la desconocida. Rió internamente "La Desconocida", un buen apodo.

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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 6:30 am

Echo no estaba mirando a aquella chica, no tenía intención de hacerlo, ni siquiera quería tener compañía en ese momento. Ya le bastaba con tener que aguantar a los enfermeros y psicólogos que no paraban de turnarse para ver si alguno podía lidiar con ella, para ver si alguno conseguía hacerla hablar, hacer que se tomara las medicinas, impedir que se escapara. A Echo no le gustaban los métodos que utilizaban con los internos que no querían cooperar, pero nadie dijo que fuera fácil defender la libertad de cada uno... esté o no cuerdo. Se encontraba mirando fijamente a la pared paralela a la ventana junto a la que estaba, con la mente en blanco e intentando borrar la figura de la chica de esa sala.
Todavía se mantenía inexpresiva, que, aunque era algo común en ella dentro de este lugar, cuando estaba en presencia de extraños o personas que no eran de su agrado aún se intensificaba más esa falta de expresividad. Su postura no cambió cuando escuchó a la extraña presentarse, tal vez estaría esperando conocer algo sobre Echo, saber quién era y cuánto hacía que estaba por ahí, ya que esos eran los datos que le había proporcionado ella. En ese momento, algo dentro de su cabeza hizo "click". ¿Quería presentaciones? Pues las iba a tener, vaya si las iba a tener.
Esbozó un amago de sonrisa, alzando un poco una de las comisuras de sus labios y girando la cabeza para mirar a Holiday. Se mantuvo así un rato, observándola bien, sin perder su media sonrisa y alzando un poco una ceja.

- Margarita Blanco - Dijo con acento español, consciente de que sólo había traducido su apellido y no su nombre. Una de las cosas que le encantaban eran los idiomas, y había estudiado bastantes en su tiempo libre y en la escuela... el poco tiempo que estuvo allí, antes de las apariciones - Vengo a ver a mi prometido, es enfermero aquí - Continuó con el acento español, pensando precisamente en uno de los enfermeros de allí, y es que le acababa de venir a la cabeza una imagen de Holiday con su enfermero, algo que posiblemente ella nunca hubiera presenciado. Algo que posiblemente fuera cierto. Algo que, de haberlo pensado detenidamente, habría asustado a cualquiera.
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Holiday E. White
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 7:05 am

Le sorprendía el hecho de encontrar a otra persona que mirara fijamente a la nada, bueno, en realidad ella no tendría que alterarle eso ya que ahí, todos estaban locos y es que ella no entendía porqué exactamente la había llevado a ese lugar. Si, reconocía que no era la persona más normal del mundo, ella podía conocer sus defectos y virtudes, pero lo que pasa con ella es que no era conciente de sus ataques neuróticos ni psicóticos. No podía controlarce en esos casos, perdía la cordura y hacía estragos, en ella misma y en los demás o a veces en las cosas. Recordaba la pared del lado izquierdo a su cama, en al cual estaba la ventana a donde una vez había raguñado la pared. Ahí seguían sus marcas y cada ves se acumulaban más en su cuerpo y en las cosas. Sus uñas, estaban hechas un desastre, siempre las había tenido super frágiles, y el que las maltratara de la forma en que lo hacía no les ayudaba en nada.
Cayó en la cuenta de que se había quedado mirando a la nada, por sobre el sofá, justo en la puerta. Seguramente estaría alerta pro si se abría y algún indeseado aparecía para reprocharla por salir de la habitación. ¿Qué más le daba? Ya hacía tres años que estaba ahí, además siempre podría finjir que había caminado en sueños, pero claro, a ella nadie le iba a creer porque James sabía que ella no era sonámbula. Chasqueó la lengua con fastidio, ahora peligraba que la "castigaran" por ser desobediente. ¡Que dura era la vida ahí! Si, a ella le indignaba encontrarse en el Manicomio. De solo pensarlo le ponía mál el nombre ¿Acaso no tenían imaginación para conseguirse uno más bonito? Suspiró pesada y la voz de la chica con un acento extranjero la hizo enmarcar uan ceja, acento que no había notado antes, en el "Hola".
Se limitó a asentír, ladeando la cabeza y estudiando ese intento de sonrisa por parte de "Margarita". Puaj, que nombre horrible, yo que ella, me lo cambio. Se sonrió a si misma, viendo la vestimenta de la chica casi igual a la suya. Pequeña mentirosa. Miró por la ventana en silencio, nada dispuesta a seguir hablandolé, algo, la intuición, algo le hacía pensar que no debería estar ahí. Si, tal vez debería haberse quedado en su habitaión a esperar a James como siempre.

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Rose H. Gallagher
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 7:24 am

Echo se levantó, con el libro en la mano, y comenzó a pasear lentamente por la sala. Tenía suerte de llevar ropa de calle, y es que ya se imaginaba que hoy le iba a hacer falta, por eso se había encargado de engañar a los médicos una vez más. Cuando le tocó la hora del baño, se encargó de romper y mojar su ropa "accidentalmente" para que le dejaran ponerse las pocas prendas que le dejaban conservar en su habitación.
Se había puesto unos pantalones muy cortos con unas medias de red negras, que parecían terminar al esconderse tras unas botas negras, aunque en realidad le rodearan todo el pie. La camiseta que llevaba era sin mangas y muy larga, haciéndose más ancha por momentos, en forma triangular, con un escote redondeado. Era blanca y tenía frases de color negro en francés, acompañadas de un dibujo de la torre Eiffel. No era precisamente su camiseta favorita, pero tenía que conformarse. Además, prácticamente le tapaba los pantalones, aunque no le preocupaba que se vieran tanto sus delgadas piernas.
Miró su reloj, ese que había conseguido que le dejaran ponerse mediante una hábil charla con la directora, y es que Echo podía ser muy persuasiva. Suspiró y dejó que se notara cierto nerviosismo e impaciencia en ella, como si estuviera esperando a alguien, a ese alguien que trabajaba en el manicomio, a ese alguien que le había dado la sensación de ver acompañado de Holliday. Echo miró a ésta y sonrió amablemente.

- Perdona, ¿sabes dónde está el enfermero James Bennett? Me dijo que saldría a menos cuarto, pero todavía no ha llegado - Hizo una pequeña mueca con los labios y frunció ligeramente el ceño. Todavía no había dejado de utilizar el acento español, y no tenía pensado hacerlo de momento - Seguramente todavía estará con esa paciente tan pesada... lo compadezco - Suspiró de nuevo y se acercó otra vez al sofá, tomando asiento y abriendo el libro por la última página.
Aprovechando la confusión que pretendía crear en la chica, comenzó a leer de nuevo, sin evadirse de la realidad, pero prestando atención a esa última página tan emocionante. Continuó sin mostrar otra emoción que no fuera la de impaciencia y nerviosismo, como si realmente James hubiera quedado con ella, su prometida.
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Sáb Jul 31, 2010 11:59 pm

La observó levantarse en silencio y sin prestar demasiada atención a lo que hacía. Según Holiday tenía entendido la sala de visitas estaban abajo, y tenian un cartel que indicaba la función de aquella habitación, entonces ¿Que hacía ahí una chica que estaba esperando a alguien? Ese lugar era solo para los pacientes, así que estaba muy equivocada si Holy se lo iba a creer esa chorrada de que era de españa. La gente era tan... poco.... inteligente. Si, se creían que le podían engañar como si tuvierse tres años y no se diera cuenta de nada, la trataban como si mentirle fuese tan facil como sacarle un dulce a un niño, y no era así, porque ella siempre iba a encontrar ese factor para descrubrir el embuste y en este caso, es que la "visitante" estaba en el lugar equivocado. Entornó los ojos medio exhasperada por haber descubierto la mentira de aquella niñata y la miró otra vez, pero no hostil, sino, neutral. Sus ojos eran ilegibles.

La estudió con la mirada, un suspiro, una expresión. ¿Aún seguíua con su farsa? Sonrió renegada, divertida ¿Entonces ella se creía que Holy le había creído? Si, la gente era ingenua, demasiado. La gente era... gente. No se podía esperar otra cosa de ellos. ¿Que Holiday también era gente? Pues, no podría calificarse así a ella misma, pero si podía decir que pertenecía a la raza humana. Suspiró también, medio harta del comportamiento de Margarita hasta que sus siguientes palabras la dejaron sin aliento y con la sangre helada. ¿James? ¡Esperaba a James! Zorra. ¿Cómo carajo iba a estar con su enfermero? ¡Era de ella sola, de nadie más, le pertenecía a ella! Frunció el ceño, la ira le consumía lentamente como el fuego a la leña. Su respiración se entrecortó y su conciencia de la realidad se iba perdiendo de a poco. El pecho le dolía, le estaba hagarrado otro de sus ataques psicóticos violentos. No, no, no ¡Así no dejarian que se fuese nunca!

Le sacó el libro de las manos, lo tiró contra la ventana la cual se rompió y estalló en un millón de pequeñas piezas que se regaron por el suelo. Lo siente, fue todo demasiado rápido como para que cualquiera de las dos se diera cuenta de ello, en especial, Holy. Tomó de los cabellos a la castaña y la empujó fuera del sofa mientras le daba un puñetazo en la cara para luego cerrar sus manos en torno a su cuello y comenzar a ahogarla.

- ¡Bastarda! ¡Con James no te metas! -le gritó furiosa, fuera de si, ya no era Holiday, era... era... una cosa, una cosa salvaje que estaba fuera de sus casillas. Hizo que se cayera al suelo tirandosé justo sobre Margarita, sentandosé sobre ella y apretando con todas sus fuerzas en la fágil garganta de la muchacha. Se iba a llevar un buen castigo cuando la atraparan, pero ella no estaría satisfecha hasta matarla.

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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Dom Ago 01, 2010 1:27 am

Supuestamente, Echo había quedado con su prometido, que casualmente era el enfermero de Holiday, y era la coartada perfecta para estar en ese lugar, ya que la sala de visitas estaba habilitada simplemente para las visitas a los internos, y no a los trabajadores. A ellos se les podía visitar en cualquier zona del manicomio, con cita previa, claro. Ella se había dado cuenta de cada una de las reacciones que manifestaba Holiday a medida que iba hablando y proporcionando nueva información sobre su "prometido" como, por ejemplo, que se trataba de su enfermero. Nada más y nada menos. También pudo percibir el ataque de ira que estaba a punto de darle, y solo esperaba que no se le ocurriera cometer la estupidez de tocarla, ya que, Echo podía llegar a ponerse demasiado violenta.
Cuando la rubia le arrancó el libro de las manos, aunque, prácticamente, Echo se lo dio, ya había terminado de leer la última página. La chica observó cómo la desquiciada lanzaba el libro con todas sus fuerzas hacia la ventana, haciendo que éste rebotara en las rejas que todos los manicomios poseían antes de los cristales de las ventanas de cada habitación. El libro cayó al suelo, abriéndose casi por la mitad, donde se encontraban las páginas por las que éste había cedido más.
Apenas miró el libro, Echo se encontró con la mano de la sifilítica rubia en su pelo, intentando tirarla del sofá, o algo parecido. Al ver que sus fuerzas no eran suficientes para mover el peso de la chica, ésta decidió ayudarla, levantándose del sofá con una sonrisa para después recibir un leve puñetazo por parte de la anoréxica, o al menos, de la que parecía padecer anorexia. Antes de que ésta llevara ambas manos al cuello de la muchacha, alzó con fuerza una rodilla para clavársela directamente entre el estómago y sus costillas flotantes, es decir, la boca del estómago, dejándola así sin respiración. Cuando Holiday se abalanzó sobre Echo, intentando tirarla al suelo, ésta no pudo contener la risa, y es que ya empezaba a cabrearse, y a nadie le convenía estar cerca cuando eso pasaba.
Esta era la situación actual: una anoréxica con complejo de koala agarrada a Echo fingiendo ser toda una psicópata salida de las típicas películas malas, esas que pretenden ser de miedo pero que solo consiguen tener un efecto sedante, vamos, que aburren. Echo, ya cansada de toda esta situación, echó a correr hacia la puerta, labor que no le costó demasiado ya que ya rubia apenas pesaba. Cuando estuvo justo al lado de la puerta, abrió ésta y le clavó el marco en la espalda a la chica, para posteriormente colocar su cabeza entre el marco y la puerta y empezar a abrir y cerrar esta repetidas veces.
Echo sabía que los médicos estaban ocupados cuidando de los enfermos, bañándolos, alimentándolos y medicándolos, por lo que estaba segura de que nadie iba a ir allí a regañarle, así que, cada vez, empleó más fuerza en su ataque. Las venas de su cuello empezaban a marcarse, sus ojos estaban bastante rojos y abiertos, y su mirada recordaba a la de una psicópata. Solo esperaba no matar a la chica, porque de la cárcel no se iba a poder escapar para comprar libros... o drogarse.
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Holiday E. White
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MensajeTema: Re: Oh, paz [Holiday]   Dom Ago 01, 2010 2:23 am

Ya, veamos. Holiday no era de esas chicas amantes de las peleas, ni mucho menos, pero cuando ella se salía de las casillas, cuando tenía uno desos ataques, ella no se controlaba y no le importaba nada. Ya. Eso tenía que quedar en claro. Era el primer ataque en cuatro meses, James le había dicho que iba muy bien y que si llegaba a estar más de un año sin sufrir uno, podrían dejarla libre y ponerle una enfermera en su casa. Todas las esperanzas que hubiese podido arraigar, cualquiera sea, se habían esfumado o tendrían que desaparecer en cuando la rubia volviese en si, luego de un lapsus indefinido de tiempo. Lo que luego habría que ver sería la actitud de la chica en cuanto supiese lo había hecho, intentado hacer, o lo que le había pasado. En ese momento en el que todo iba tán rápido, pero tan lento para ella solo había sentido dos cosas. Que el poco aire que tenía en los pulmones, por el rodilazo de la castaña, había escapado del todo y que le estaban aplastando la cabeza contra la pared. Sus padres siempre le habían dicho que parecía que se iría a romper de lo fragil que era, pero lo cierto es que ella era como un barril sin fondo que se comía todo lo que tenía en frente. Así que eso era una cosa casi ilógica, tal vez fuese por los genes de su madre, ella siempre había sido una persona de complextura pequeña.

Un gemido de dolor se le escapó de los labios, pero cuando pudo volver a respirar, le pegó una patada, o intentó hacerlo y detuvo la puerta con las manos. La adenalina corría por sus venas, todo le daba vueltas y sentía correr un líquido pegajoso y caliente por la cabeza. Una de las viejas heridas por caerse por las escaleras del manicomio se había vuelto a abrir, ella estaba acostumbrada al dolor, no le importaba. Nada le importaba, sus labios eran una fina y tensa linea, la miró fijo, como esperando algo. Ya fuera del alcance de la puerta, su respiración seguía agitada y no entendía qué hacía ahí. Para ella era todo color rojo, sonrió y se hechó a reir. ¡Rojo! ¡La chica era roja! ¡Todo! Que absurdo, simplemente le parecía una estupidez. Suspiró mientras se calmaba. Ya lo había confirmado. Esa, no era visitante, y esa, no estaba con James. Porque él ya le había hablado de su chica perfecta y porque él ya le había dicho que no tenía casi vida amorosa, es que ella le preguntaba cada mañana, como una obsesión. Obsesionada. Si, lo tomaba con alguien a quien debía proteger de la gente estúpida, insustancial y que no entendía nada de la vida. Gente como esa.

Hizo una mueca de asco y negó con la cabeza mientras caminaba con total tranquilidad hacia la ventana, ya había comprobado las cosas y que no tenía que preocuparce por nada. Se agachó unos momentos, tomó uno de los trozos de vidrios más grandes y continuó mirando por la ventana, sin hacer caso en nada y tampoco teniendo un pensamiento en especial.

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